Ayer en todo el día estaba pensando en hacer cosas raras para olvidarme de él, entonces llamé a las amigas que nunca llamaba y hablaba de cosas que hace mucho ni recordaba. Pensé en hablar con chicos a los que tenía sin admisión en el msn. Pensé en irme a Madrid, a vivir una vida que no quiero, compartir, salir, viajar a lugares con gente que no me provoca. Vivir cosas que no quiero vivir, y volver a hacer las cosas que “debo”. Pero mi prima que tenía una visita para este martes que pensé que no llegaría y menos así, porque no sabía que Pedro me dejaría y no sabía cuánto iba a ser capaz de mentirme diciendo que ya no lo quiero, hasta hoy. Entonces, yo que soy muy tonta, decidí olvidarme de Pedro, olvidarme de las peores maneras, tratando de imaginarme la vida distinta sin èl, y lo más raro no es eso, porque lo más raro es que cuando estaba con él, no me imaginaba una vida con él porque la veía realmente difícil, no me creía capaz de luchar contra mi familia, de decirle a mi mamá que Pedro es genial, es increible, que me deslumbra todos los días, que no sabe ni tiene idea de lo nerviosa que me pone, de lo rápido que sabe hacerme emocionar, yo que siempre quiero parecerle un cubito de hielo, me muero por él, con toda mi fuerza, manejo emocionada y cada vez que miro el volante pienso en èl, me averguenzo un poco, quizás, de pensar que cada vez que èl vuelva a mí me podrá conquistar, tan fácil pero a la vez tan dulce. Soy una estúpida, me muero por ese chico y no sabe ni por qué me enamoré de él, no fui capaz de decírselo, no fui capaz de sentarme en su delante y decirle que es el chico más brillante que conozco, que nadie en mi puñetera y mísera vida me había hecho sentir lo que él, que pude haber estado alejada cinco meses, luego dos meses y no lo he olvidado. Me despierto y pienso en él, me hago la fría, la que olvida todo, para que no se imagine cómo estoy ahora, sentada, escribiendo y llorando con toda la cara desparramada y solo tengo ganas de que se de cuenta… que me perdone, que fui una estúpida, que no era capaz de nada, pero que no quiero perderlo nunca más, que Miluska me dijo que le pareció bueno y le dije: es más que bueno, es adorable… y todas esas malditas palabras que dije para definirlo: tiene un temple, has visto? es increíble, y se le veía tan guapo, nunca voy a conocer a alguien como él. - Se vé que es listo- y yo le digo, es el mejor de todos.

Pero vale esto de algo ahora? Vale de algo? Él ya no me quiere, y no me importa que me tenga pena ahora que lea esto, si es que por ahi se le ocurre pensar en mí. Hoy que lo vi, me di cuenta que como decía mi psicoanalista, hay cosas que te mueres por hacer, por qué no las haces? por qué te frustras te limitas? Nadie lo va a querer como yo lo quiero y Miluska dice: él también te quiere. Pero me ha dejado, algo tuviste que hacer mal, quiero rectificar todo, quiero hacer las cosas bien, quiero poner mi estado el facebook, quiero que duermas en  mi cama, quiero que te conozca todo el mundo, quiero morirme contigo. De verdad ya no me quieres?

Él, por ejemplo.

Si tú supieras lo que es ver al sol morirse de ganas, de dar de lleno a una pared de un cuarto sin ventanas.

Mañana me tocará a mí enviarle un guión. 

 

 

  

La ciudad y las hormigas

Cuando tenía la edad de los ancianos
las hormigas eran blancas
y los caballos tenían cuatro patas como ahora
entonces no existían calles ni avenidas
porque la ciudad era un bosque
                  latiendo en tus sandalias           

y tú decías que yo tenía
                el rostro de paisaje enloquecido
por extraños pájaros blancos que no existen

Fuimos en tanto ya no somos
porque mi experiencia cae
        furiosamente en tu apellido
        en tu frágil cuerpo de semana sofocada
        porque la ciudad hizo de tus caderas
        el mejor negocio

Si ahora tú me vieras
        dirías que tengo el rostro enloquecido
por microbuses y groseras oficinas blancas
y que soy un hombre común
y mi trascendencia está en la rutina
        levantando el polvo de silencio estremecido

        pero tú no podrás llamarme
porque una sigla comercial detendrá tu voz
y verás que en un cajón de archivo
estoy totalmente cogido por el nombre.

 

Creo que no le creo nada. Ahora que quiere estar a mi lado, me queda lejos su casa. No soporto que no me defienda, veo su foto y me da rabia.

No tiene ningún derecho a aparecer de repente, de pronto. Ninguno.

Pedro me ha escrito de una manera tan moderna que me ha dejado tonta. Lo peor es que siempre anda llegando con sus artículos y nunca me ha dejado que lea uno de sus poemas. Ah… tengo que aclarar, Pedro no es el mismo Pedro del que escribía abajo. La vocal del primer apellido hace que se diferencie tanto y que lo mejore tanto también, que ando ansiosa de un Pedro I. Pedro E. estaba escuchando mis razones por las que andaba despeinada y mal arreglada por el edificio, le decía que era un tema canino, me preguntó entonces por el nombre de mi perro, y bastó que le diga que se llama “Pongo” para que relacione inmediatamente esta conversación, como todas las otras, con la literatura, la pintura, la música, no sé… con todo lo que tenga que ver con su sección en el diario.

“Se lo pusiste arguedianamente” me dice, y le digo bruscamente: “Ay Pedro, se lo puse por la peli de los dálmatas”. Se ríe y se tapa la cara, debe pensar: qué es lo que tengo enfrente! En fin, que se ríe otra vez y me empieza a contar la historia del libro de Arguedas, del Pongo tan parecido al mío, tan personificado.. creo que es justo ahí cuando empiezo a llorar.

Voy a dar la espalda un poco a todo lo fácil… lo fácil es dormir, andar, llorar, echar de menos, lo fácil es no postear, recordar. Voy a darle la espalda y voy a dejar que entre ese aire que quiere entrar por el agujero de mi ventana que he tapado con un pedacito de cortina. Le doy la espalda a todo lo fácil y me voy por lo difícil. Lo difícil es aceptar que ese frio hace bien, congelarse un poco por dentro, está bien.

 

Es 17 de junio de 2008, Pongo tiene ya 11 años.  Dudo que sea el perro más felíz del mundo, dudo que sea feliz, dudo que vuelva a ver, pero no importa, Pongo tiene 11 años y yo soy feliz de tenerlo todos mis días, de que me mueva la cola, de que me huela, de que escuche “comida” y se emocione.

Mañana tenemos una cita con el oftalmólogo, ojalá su ceguera pueda ser recordada sólo como un “entrenamiento obligatorio del olfato y demás sentidos”.

Todo va a estar bien, te adoro Pongo.

Creo que ha pasado casi un año de esto.

 

 

ramazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

mercedes

Karamazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

yo creo k no vamos a durar para siempre

Karamazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

pero

Karamazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

siento que t  quiero más alla

.!mercedes[un ratito a pie y otro caminando] dice:

màs allà còmo?

Karamazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

más alla de todo

aramazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

dmi casa d la tuya d lima ica pisco chincha

Karamazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

america latina y el caribe

Karamazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

islandia

.!mercedes_[un ratito a pie y otro caminando] dice:

:o

Karamazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

dl fin dlmundo k es cuadrado

Karamazov.                el universo…(pensando en que la entrevista en realidad fue eterna) dice:

no hago más que pensar en ti

No sé, es probable que me merezca que le hable y que no me quiera oir, que le toque y haga el que no me siente, que encienda la luz, la apague y no tenga ni idea de lo que hago. Entonces le grito su nombre apenas llego y es como si me dijera “aquí no pasa nada”.

Me siento entonces cada noche, a buscarle un tema de conversación, a pensar en qué es lo que le puede estar doliendo, a mirar sus ojos, a mirarlo de lejos de cerca, a mover mis dos dedos tontos y preguntarle “ahí qué ves” yo sé, él no quiere que lo molesten, pero yo no quiero decirle adiós.

Pongo, mira aquí, aquí - hago sonar mis llaves para ver si despierto interés en èl, pero nada- Ponguito, perdóname. Yo sé que no me puede oir ni ver, sé que me huele, quizás este sufriendo pero no me siento capaz de decidir su vida. Odio mis días libres, el poco dinero que tengo, las horas que duermo, las que escribo, las que leo, odio todo si al final no puedo ayudar a este ser que quiero, que me pertenece.

Hoy cuando llegué y lo encontré fuera de su casita, lo saludé en voz tan alta que estaba segura me tenía que oir y se emocionó, movió su rabo y yo le seguía hablando, me puse a pensar que quizás recuerda cómo soy, la cara que tengo, mis manos, la cantidad de muecas que le hago para que me siga prestando atención.

Yo si me quedara ciega creo que entre las mejores imágenes que guardaría en mi memoria sería a Pongo mostrando la puntita de su lengua, con el hocico cerrado, o a Pongo en el concurso de mejores mascotas del distrito,  a Pongo cuando me lamía la mano, cuando lo encontraba durmiendo en mi cama. Creo que sobre todo a Pongo cuando tiene miedo de un perro más grande y retrocede lentamente como quien sabe lo que puede y lo que no. Y entre todas esas imágenes al Pongo de ahora, de doce años por cumplir, que no me deja dormir porque me ha mirado, y me ha dicho con esos ojos bien abiertos: “no puedo ver nada”.

 

Te llamo sólo para decirte que tú, que tú no puedes pensar esas cosas de mí. No te escucho bien. Tú no, tú no, tú que por ti me he ido a la mierda tres veces, más aún, me he peleado, me he vuelto y pensé que hasta me volvería a pelear por ti, tú no. No te escucho bien, estoy en el micro. Tengo tantas cosas aquí adentro, guardadas, no sé, eso es todo supongo. Chau.

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