Podría perderme una vez más en el cara y cruz, en las encuestas a las amigas, a los amigos, al color del siguiente coche que vea por la calle. De miles y de millones de cosas, personas, sensaciones podría depender. Me podría pasar la vida en una indecisión. Me gustaría vivir en ese limbo, no he nacido para las decisiones, no me dieron esa capacidad de análisis. ¿A quién debo presentar mis quejas?
Me muero de amor y a la vez estoy más insegura que cuando Marino me dijo que quería estar conmigo y yo sólo sabía escribirle cartas, no sabía cómo era un beso ni cómo era una relación.
Ahora estoy peor que a los trece años y me frustro. Me frustro porque me moriría por hacer todas esas cosas que no puedo, que no debo.
Si tan solo las situaciones tuvieran voluntad propia…
Cuando me dejen una tercera vez, leeré este post y pensaré que ahí estaba el deber, haciéndome guiños y yo tan cegada por el querer.
El deber y el querer
Junio 28, 2009 de Mercedes Palomino